Reflexionar sobre la situación actual de uno de los sectores privilegiados de la Ciudad de México, La Condesa —que incluye las colonias Hipódromo e Hipódromo Condesa— es relevante en la medida de poder entender su dinamismo económico, así como los riesgos urbano-arquitectónicos. Sus cualidades, que se expresan a través de una traza urbana sui generis, bellos parques
, camellones con bancas y fuentes, abundante vegetación y la permanencia de arquitecturas art déco y racionalistas, conjugan un ambiente urbano de vida de barrio y para el disfrute al recorrer sus calles.
Tales condiciones físicas y ambientales constituyen unos de los valores principales de “las condesas”, la posibilidad de que sus habitantes y visitantes puedan caminar libremente por aceras sombreadas, senderos de parques
que bordean estanques y jardines, y avenidas como Ámsterdam, Mazatlán, Tamaulipas o Alfonso Reyes, donde los mejores remates visuales tienen que ver con la arquitectura de Luis Barragán, Francisco Serrano, Juan Segura, Sánchez Arquitectos, Isaac Broid, Enrique Norten y otros.
Así, lo primero que hay que reconocer es que la colonia Condesa y en particular la Hipódromo, hace mucho que perdieron el equilibrio de una primera consolidación en los años cuarenta, basada en una predominante escala doméstica. Desde la construcción del edificio Basurto en 1944, hasta los anodinos edificios de oficinas y departamentos de las décadas setenta y ochenta, las alturas rebasan por mucho los cuatro niveles.