Fue en 1845 cuando a nivel mundial comenzaron a imponerse el acero y el hierro colado de producción industrial; ése fue el inicio de la llamada Arquitectura de hierro, que ha dejado obras espectaculares, como el famoso Invernadero —obra de Paxton— en Inglaterra o, en el caso de México, los numerosos mercados públicos porfirianos, con techumbres metálicas
dignas de estar en cualquier compendio de arquitectura.
Estas cubiertas nacidas de la Revolución Industrial aportaron una nueva visión de la construcción muy diferente a la tradicional, lo que supuso no sólo cambios en los materiales, sino en las técnicas constructivas, en sus valores plásticos o en sus tipologías.
Actualmente, la arquitectura ha evolucionado, entre otras razones, por el cambio de las mismas necesidades humanas; continuamente hay una búsqueda de diferentes soluciones arquitectónicas que brinden nuevas experiencias y ambientes espaciales, todo a través de un conjunto de sistemas. Esta misma evolución ha demandado —en el caso de las cubiertas— el uso de materiales más modernos e innovadores (como el cobre, el policarbonato, el titanio o el novedoso sistema laminar conocido como KR) no sólo para resistir y ser más seguros sino también para realzar la calidad formal de una obra.
Los sistemas de cubiertas
Se trata de sistemas constructivo-estructurales donde existe una gran gama de soluciones basadas en diversos materiales con los que quedará confinado el espacio. Hay dos grandes tipos de cubiertas, las pesadas y las ligeras; en el caso de las primeras, el arquitecto Ernesto Natarén, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, comenta que “cubiertas pesadas son aquellas en las que su sistema constructivo es robusto y, por lo tanto —y aunque resulte obvio—, son pesadas. Entre otras, pueden estar compuestas por losas reticulares, armaduras, perfiles estructurales y tubulares. Sus variados elementos, unidos entre sí, forman su imagen y hacen de la cubierta un sistema completo en uniones, juntas y materiales”.
Asimismo, continua el arquitecto Natarén, “existen cubiertas como los cascarones de concreto
que a pesar de estar construidos con un material pesado pueden considerarse cubiertas ligeras por el mínimo material usado. Del mismo modo, las laminares o las de membranas de tela —que confinan grandes claros con poco material— son ligeras. Este tipo de cubiertas, tan antiguas como el tabique (otro de los materiales que sirven para su realización), pueden servir para levantar bóvedas de hasta 30 m de claro con la unión de sistemas de postensados sencillos”.
En el caso de las cubiertas
de cascarón de ferrocemento, aunque técnicamente sencillas, basan su eficiencia en el cálculo, el cual logra mantener estables sobre una delgada columna grandes superficies de apenas 5 o 6 cm de espesor. Su utilidad es evidente como cubierta o techumbre de naves industriales, iglesias o centros deportivos, o bien para edificios de una sola techumbre. Aunque por su sistema constructivo no se usan en entrepisos, son sumamente eficaces para el desagüe de agua. Baste mencionar el nombre de Félix Candela, en este terreno, para recordar a un verdadero “genio de las estructuras”.
Fase importante en la concepción y ejecución de estos sistemas es el conocimiento de las diferentes estructuras de soporte y contención existentes en una edificación ya que, entre mayor conocimiento exista, éste puede ponerse al servicio del proyecto y no de manera inversa. De esta relación entre estructura y cubierta, el ingeniero Héctor Tapia, director