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Arquitectos emprendedores 
Arquitectos de alto rendimiento 

Para que México incremente 1% su Producto Interno Bruto, necesita unas 20,000 nuevas empresas pequeñas y medianas. Los arquitectos no están ausentes del repertorio requerido. 

Roberto Morales 

A sus 26 años, el arquitecto Javier Sánchez adquirió un terreno en 600,000 pesos y levantó un edificio de departamentos de siete pisos, que sería su primera obra como promotor y su primer aprendizaje empresarial.

Era 1996. Sánchez trazó planos y su socio Waldo Higuera se encargó de los aspectos técnicos de la construcción.  Pasó el tiempo. Un día ambos fueron del entusiasmo a la alerta, y de ahí, a la cruda realidad: “Pactamos una preventa barata”, dice Sánchez, y los costos al edificar se elevaron. Perdieron 300,000 pesos.

Desde entonces, Sánchez comprendió que calcular riesgos es un punto nodal en su negocio y que debía contar con un equipo de profesionales que distinguieran con claridad cuánto cuesta un proyecto y cómo fijar los precios de venta.

Cuatro años después, su empresa, JSª, contaba con direcciones de arquitectura, de ventas, construcción, promoción y nuevos proyectos, contraloría y dirección administrativa.

El caso de Sánchez es el referente de un emprendedor, porque ha logrado dominar y mezclar, con el paso de los años, la belleza de la arquitectura y la frialdad de los negocios.

JSª es una empresa enfocada en la construcción de pequeños edificios departamentales; cuenta con 50 empleados y desarrolla unos 10 proyectos anuales. Ha exportado servicios arquitectónicos a Costa Rica, Panamá y China. De hecho, construyó su primer edificio en el extranjero el año pasado, en Lima, Perú.

Pero aun con esas fortalezas, el tamaño actual de su empresa es la mitad de lo que fue hace dos años, cuando se vio afectada por la crisis económica y sus efectos en la construcción, lo que evidencia los desafíos que se enfrentan en un sector altamente vulnerable en tiempos de inestabilidad económica.

En la Ciudad de México y su zona conurbada se llegan a construir unas 100,000 unidades formales para habitar y otras 100,000 sin la supervisión de arquitectos, diseñadores o ingenieros, según datos de ProMéxico, organismo gubernamental promotor de inversiones.

La aceleradora de negocios Endeavor estima que para incrementar 1% el Producto Interno Bruto (PIB) de México, se requieren 463,416 microempresas (con uno a cuatro empleados); otras 19,684 firmas pequeñas (de cinco a 99integrantes); unas 952 medianas (de 100 a 499) y sólo 78 compañías de más de 500 empleados.

La misión del organismo internacional es impulsar a emprendedores con modelos de negocio innovadores, de alto impacto económico y de empleo.

Entre 2002 y 2009, la oficina mexicana seleccionó sólo a 81 emprendedores, entre ellos, la arquitecta Tatiana Bilbao y el interiorista Ezequiel Farca.

A través de la asesoría de los mentores de Endeavor, los emprendedores lograron profesionalizar empresas, empaquetar su modelo de negocio y establecer políticas contables adecuadas.

Así, en ese lapso, las empresas aceleradas en México por Endeavor levantaron 700,000 millones de pesos (mdp) en capital de riesgo, para generar un promedio de 92 empleos bien remunerados cada una. Sus ventas conjuntas sumaron  5,400 millones sólo en 2008.

La paradoja del arquitecto
Carlos Pascal, socio de Pascal Arquitectos, pone el dedo en la llaga: los planes de estudios de la mayoría de las escuelas y universidades mexicanas se limitan a enseñar a sus alumnos a dominar la arquitectura, pero no a ser verdaderos emprendedores.

La formación escolar tiende a alimentar la creación artística de sus alumnos, con lo que incentiva en los recién egresados el anhelo de dar su nombre a un despacho propio.

Es por ello que Ana Victoria García, gerente senior de Endeavor, recomienda a los arquitectos “visualizar su meta en plazos, de modo que tengan un plan de acción para administrar recursos económicos, talento y tiempo”, señala.

Los negocios nacientes de arquitectura, explica, deben formar alianzas para fortalecerse empresarialmente, pues es mejor no escatimar recursos económicos para contratar a gente con talento en ámbitos clave para el despacho.

En el caso de Javier Sánchez, tuvo el atributo de contar con un socio inicial y de constituir una empresa con la que se le identificó desde joven. Y que incluso operó mientras estudiaba una maestría en desarrollo inmobiliario en la Universidad de Columbia, Nueva York, en 1998.

“Después de terminar su maestría, su despacho obtuvo bastante peso”, narra Mario Calero, investigador de la Universidad Iberoamericana.

El difícil comienzo
Pero la suerte no es igual para todos. Luchar por ganar la prestación de un servicio o la venta de una mercancía tiene su particular cuesta arriba en México, pues de entrada no existen universidades que impartan la carrera de políticas de competencia, afirma el ex secretario de Hacienda Pedro Aspe, ahora director de la consultora Protego.

Para crear una empresa, lo primero que hay que definir es bajo qué régimen se constituirá, ya sea en una sociedad anónima, en sociedad colectiva o en cualquier otro tipo, para lo cual se recomienda consultar un abogado.

El nombre del despacho y su logo adquieren relevancia para posicionarse en la mente de los consumidores. “Deben ser pegajosos, creativos, simpáticos… y valerse de la escritura, colores y formas”, dice Alina Aldape, directora del departamento de Liderazgo Empresarial del Instituto Tecnológico de Monterrey.

Por básico que parezca, continúa, siempre deben contar con tarjetas de presentación, ya que se puede encontrar a potenciales clientes, lo mismo en un elevador que en una fiesta o en un congreso.

Es vital disponer de una breve presentación oral para describir rápidamente su especialización, los servicios que prestan, qué tipo de productos ofrecen y sus ventajas comparativas.

Para los recién egresados, el arquitecto Ricardo Warman, socio fundador de Entasis Arquitectos, sugiere que lo mejor es conseguir clientes entre amigos o familiares, con obras pequeñas o que puedan ser controlables, para escalar su oferta gradualmente.

Según Warman, los arquitectos deben conseguir una buena reputación para su éxito, lo que conlleva un proceso inevitablemente lento.

Una vez que se gana un proyecto, detalla el investigador Calero, se debe poner el mejor esfuerzo y talento, “porque las obras hablan por sí mismas”.

Se puede ser arquitecto, pero dirigir un proyecto como empresario requiere esfuerzo, tiempo y capital. “Para emprender hay que medir los riesgos. Pero en ocasiones hay que aventarse a la parte honda y luego ver cómo se saca una tabla para estar a flote”, dice Aldape.

Pese a los obstáculos, hay buenas perspectivas para los arquitectos que desean consolidar una empresa funcional y reconocible.

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