El pasado mes de agosto el Gobierno Federal dejó sin efecto los decretos expropiatorios en los municipios de Atenco, Texcoco y Chimalhuacán, y señaló que se consideran otras alternativas para construir el nuevo Aeropuerto Internacional de México. Se han mencionado algunas, pero los argumentos para apoyarlas han sido -salvo algunas excepciones- de una simpleza que resulta asombrosa. Convendría recordar que desde hace 25 años se han realizado estudios por diversas compañías nacionales y extranjeras, mismos que prueban que la zona de Texcoco es la mejor localización para un nuevo aeropuerto. Sin embargo, es también útil revisar algunas de las propuestas que se han mencionado:
Ampliar el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) construyendo una nueva pista, hacia el sur. Dotar al AICM con una nueva terminal, al oriente, a la que se denominaría "No. 2". Realizar el nuevo aeropuerto dentro de la zona federal, en el centro de un nuevo lago, que se construiría e inundaría para recuperar su aspecto y función original. También se ha planteado que se construya en Zapotlán de Juárez una terminal aérea, en el municipio de Tizayuca. Finalmente, se ha propuesto construirlo en los terrenos federales del ex lago, que suman más de 11,000 hectáreas.
Así pues, tenemos los siguientes comentarios a cada uno de estos puntos: La construcción de una nueva pista en el actual aeropuerto, para aterrizajes paralelos escalonados, requiere de una distancia mínima entre las pistas de 760 m (actualmente están a 305 m). Esta posibilidad implica que se expropien -o compren- aproximadamente 30 hectáreas al sureste del aeropuerto; también sería necesario demoler los hangares y la torre de control. Su mayor desventaja es el problema social que representa, en una zona densamente poblada de la Delegación Venustiano Carranza.
La propuesta de la Terminal No. 2 retoma los documentos elaborados por Aeroports de París en 1979 y por MITRE (MIT Research), en 2000, donde se analizó el mismo sitio, denominado rellenos sanitarios, y que fue rechazado -por inviable- por las dos compañías.