La nostalgia de la época de oro de la ingeniería civil mexicana quedó atrás. Ahora viene el momento de retomar el rumbo y buscar el reconocimiento que alguna vez hubo en el extranjero. Sin embargo, esto no será posible sin la creación de fuentes de trabajo en las que puedan desarrollar su capacidad los profesionales del país.
¿Cómo van los avances de la certificación?
En la Alianza Norteamericana para la Ingeniería Civil (NAACE, por sus siglas en inglés), a la que pertenece México, estamos trabajando para lograr una certificación que reconozca a los profesionales nacionales, porque en estos momentos puede venir cualquier persona de otra parte del mundo a trabajar a nuestro país, pero nosotros no podemos ejercer en otros lados.
Tenemos una mentalidad malinchista y pensamos que si algo viene del extranjero es bueno, aunque en realidad no sirva para nada. Sabemos que la ingeniería civil mexicana es de las mejores del mundo y como prueba están nuestros laboratorios de mecánica de suelo.
Contamos con una gran reglamentación contra sismos: aquí un terremoto de grado siete no nos hace un daño considerable, mientras que a otros países, incluyendo Estados Unidos, les provoca un desastre enorme. Por eso puedo decir que poseemos muchas ventajas que están reflejadas en todo lo que hemos realizado: carreteras, obras hidráulicas, hidroeléctricas, termoeléctricas y geoeléctricas. Hay de todo.
¿Todavía nos hacen menos nuestros vecinos de Norteamérica?
Yo creo que sí.
¿Qué tanto?
Pienso que Canadá y Estados Unidos son muy afines debido a que comparten una frontera, el lenguaje y las raíces sajonas. No obstante, entre ellos existen fricciones debido a situaciones como la maquila de autos que anteriormente era realizada en Canadá, donde los trabajadores no tenían las mismas prestaciones. Entonces, de alguna forma Canadá se identifica mucho con México.