El domingo 23 del pasado mes de mayo fue inaugurada una nueva biblioteca en Seattle proyectada por la Office for Metropolitan Architecture (OMA) y LMN Architects —el primer despacho es comandado por el holandés Rem Koolhaas— en pleno centro de esa ciudad norteamericana; la obra está construida en acero y vidrio y su arranque de obras tuvo lugar en agosto de 2001.
En términos generales, este despacho conceptualizó un espacio no sólo para leer, sino también para funcionar como centro social que pudiera abarcar múltiples aspectos. Sin duda alguna, al observar esta construcción podemos ver que está completamente alejada del concepto que tenemos de biblioteca como lugar oscuro y repleto de libros polvosos.
En la nueva biblioteca, dispuesta en 11 pisos, la intención del autor y de su equipo fue la de redefinirla y reiventarla como una institución cultural no sólo exclusiva del libro como objeto físico sino también, y en una mayor medida, como un centro de información donde las viejas y las nuevas tecnologías —léase libros antiguos o libros electrónicos— estén representadas en un régimen igualitario y equitativo, ya que en esta época en que la información nos arriba de cualquier forma, en especial de manera interactiva, pensar en el libro, de futuro tan incierto, resulta algo paradójico.
En resumen, para Koolhaas, resulta indispensable —y esta biblioteca es un gran ejemplo— redefinir el papel de las bibliotecas como instituciones dedicadas exclusivamente al resguardo de volúmenes que ocupan mucho espacio. Uno de los conceptos que buscaron cumplir OMA/LMN en su realización fue el de ofrecer la mayor flexibilidad posible en cada una de sus áreas, de ahí la existencia de cinco plataformas que dividen a manera de claustros los diferentes puntos temáticos que resguardan las principales funciones de la biblioteca. El nuevo edificio, que también cuenta con áreas ajardinadas, tuvo un costo de más de 165 millones de dólares, e incluye centros de lectura para niños, adolescentes y adultos, así como espacios para computadoras y para el crecimiento de las colecciones; asimismo, cuenta con un auditorio con 275 asientos.
Cabe señalar que en diciembre de 2003 esta obra fue objeto de un primer gran reconocimiento por su utilización del acero, por parte del Instituto Canadiense del Acero en la Construcción. En la nueva biblioteca fueron colocadas 4,644 toneladas de este material que, si lo comparamos con el tonelaje existente en la Estatua de la Libertad, podrían hacerse veinte de éstas.