La mayoría de los elementos arquitectónicos o estructurales que componen una edificación están expuestos a diversas afectaciones físicas, químicas y climatológicas, y con agentes como el fuego, el cual es un peligro eminente, causante común de conatos, daños y pérdidas
materiales y humanas dada la falta de conciencia y educación en materia de seguridad contra incendios.
El fuego está compuesto por tres factores principales: el combustible, el oxígeno -o comburente- y la concentración de calor, combinación conocida como "triángulo de fuego". Existen dos formas de combatirlo, una es de manera activa mediante agua, tierra, extintores, polvos, etcétera, y otra pasiva, es decir, a través de retardantes de fuego, que evitan la propagación del mismo, sin importar la manera de su desarrollo, e impiden el paso de humos, gases o cambios de temperatura.
Generalmente, los puntos de propagación ocurren en lugares como son: uniones entre muros y losas, uniones estructurales, tuberías hidráulicas, conductos de ventilación, tuberías y escalerillas eléctricas, tuberías de fibra óptica, cableado estructurado y -por muchas otras razones- durante la construcción de la edificación. De ahí que es indispensable que exista comunicación continua y supervisión entre el proyectista, el constructor y el especialista en retardantes de fuego
, quien planeará, aplicará y suministrará el sistema de barrera contra incendios en los lugares o elementos más críticos de la edificación.